Era un objeto casi clandestino, pero una arriesgada campaña publicitaria luchó por convertirlo en cotidiano. Fue hace 20 años cuando aquel certero "Póntelo. Pónselo" recomendaba su uso a los más jóvenes. Sus creadores y Matilde Fernández, entonces ministra de Asuntos Sociales de España, recuerdan las encendidas reacciones que provocó el eslogan.
Han pasado 20 años desde que el preservativo saliera del armario con la campaña más ruidosa que ha dado la democracia Española. Y, al contrario de lo que predica el popular bolero, estas dos décadas han servido para convertir a aquel furtivo objeto de deseo en algo tan común como unas tiritas. De necesidad vergonzante a, por ejemplo, regalo de cortesía en el museo Thyssen-Bornemisza; de sosa herramienta de profilaxis a humorístico sujeto de los más variados colores, sabores y formas. Algo tuvieron que ver en todo esto los jóvenes –pero sobradamente triunfadores– que por aquel entonces asombraban con sus ideas desde la agencia de publicidad Contrapunto. Fueron ellos los que mejor respondieron al órdago que los ministerios de Sanidad, Asuntos Sociales y Educación lanzaron a la sociedad española de 1990: sacar el condón de la marginalidad y colocarlo en las mochilas de los adolescentes.